Mié. Feb 28, 2024

Por Gibrán Ramírez Reyes

Durante muchos años se ha alimentado la impresión de que el presidente es muy trabajador. Esto fue, sin duda, realidad. Numerosos medios de comunicación registraron sus jornadas al frente de la jefatura de gobierno del Distrito Federal, reuniones diarias con el gabinete de seguridad, conferencias matutinas que comenzaban más temprano que las actuales, las actividades que tenía hasta altas horas de la noche. Su equipo de esos años confirma que nadie podía seguirle el ritmo y, por eso, los colaboradores alternaban en su acompañamiento. AMLO se acababa los zapatos cada pocos meses, caminaba las obras prioritarias (se distinguió por terminar todas las que los anteriores gobiernos de la capital habían dejado inconclusas), se reunía con empresarios, tenía acuerdos con todos los miembros de su gabinete, convocaba a funcionarios intermedios y menores, revisaba cada conflicto o movilización social y sus demandas. Esa imagen fue la que le consiguió al gobernante su aprobación superior a 90 por ciento y, sumada a su hazaña de recorrer todos los municipios de México, conformaron parte importante del mito del dirigente incansable y excepcional.

El mito vive ya solamente en los incondicionales del presidente, cada vez menos, cada vez de mayor edad. Los papeles de la Sedena han proporcionado datos precisos que deben ser asimilados para hablar de temas relevantes que permanecían invisibles. Sandra Romandía revisó recientemente las agendas presidenciales entre 2019 y 2022, y encontró que las únicas actividades permanentes son el gabinete de seguridad –en el que a veces se tratan otros temas— y la conferencia de prensa matutina. En tiempos libres, el presidente incluye a veces actos protocolarios. Además, la preparación presidencial de la mañanera suele iniciar desde antes de las cinco de la tarde del día anterior con la información que su gabinete le envía. Es decir, la mayor parte de su tiempo, el jefe de Estado prepara el guion y realiza su programa de tele, y, en los espacios restantes, se reúne con pocos secretarios de Estado e inaugura cosas, varias de ellas inconclusas (como el tramo carretero entre la Pera y Cuautla, recientemente). Más que preguntarnos sobre el estilo personal de gobernar de AMLO deberíamos preguntarnos ¿quién gobierna y qué está haciendo? Sin duda, la respuesta incluiría a Julio Scherer, Luis Sandoval, Jesús Ramírez, Adán López. La decisión más relevante de AMLO fue quién lo acompañaría a gobernar; las transferencias y los megaproyectos, sus únicas prioridades. Nadie duda del oficio electoral del presidente. Su acción de gobierno, opuesta al López Obrador de 2000 a 2006 hace, sin embargo, que se recuerde la falta de oficio gobernante de Miguel de la Madrid, quien reconoció en sus memorias haber llegado a la presidencia esperando tener autoridad indiscutible, operación puntual de sus indicaciones e información completa proveniente de su equipo. A cambio, descubrió que dominaban “la improvisación, la vanidad, la incompetencia, los problemas de comunicación y, por lo tanto, un penoso desacato a sus órdenes”.1 ¿Quién gobierna?, ¿qué está haciendo?

1 Lo dice Rogelio Hernández Rodríguez en su reciente libro sobre el oficio político de la élite gobernante, editado por El Colegio de México en 2022

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