Vie. Mar 1, 2024

Por Alejandro Páez Varela

El 11 de mayo de 2012, en un auditorio a reventar de la Universidad Iberoamericana, en la Ciudad de México, Enrique Peña Nieto fue acorralado por jóvenes que le reclamaban su papel en la violenta represión policial contra pobladores en San Salvador Atenco y la violación de mujeres por parte de policías bajo su mando. El candidato presidencial del PRI dijo, en una declaración grabada: “Fue una acción determinada personalmente, que asumo personalmente, para restablecer el orden y la paz”.

La Corte Interamericana de Derechos Humanos asumió el caso en 2011, después de que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos determinó que al menos once mujeres fueron víctimas de violación y los pobladores –que se oponían a la expropiación de sus tierras para el aeropuerto de Vicente Fox–, violentados en todos sus derechos: detenciones ilegales y tortura física, psicológica y sexual, así como la negación de la justicia: hasta la Suprema Corte decidió –nada raro– darle la razón al Gobierno por sobre los ofendidos.

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El caso Atenco sigue en la Corte Interamericana hasta hoy. La declaración de culpabilidad ya está: quien dio la orden fue Peña. Él mismo lo dijo. Y aunque ha pasado tiempo y nadie piensa en eso, el expresidente podría ser llevado a un juicio que muy probablemente perderá.

Poco después de aquella protesta, Arturo Escobar y Vega, parte de la dirección nacional del Partido Verde, culpó al ahora Presidente. “La información que se nos da al final es que grupos cercanos a Andrés Manuel López Obrador la tarde de ayer estuvieron promoviendo y organizando a estos jóvenes para que provocaran al candidato [Peña]”, dijo. A Escobar y Vega se le entregó la Subsecretaría de Gobernación por ése y otros favores. Ahora es aliado de Morena. Aparece junto a sus candidatos.

La protesta de la Ibero fue un parteaguas. Yo digo que allí, prematuramente, empezó el fin del sexenio de Peña que fue, al final, el principio del fin para el PRI. Los jóvenes protagonizaron en los meses siguientes lo que se conoció como “La Primavera Mexicana”, una protesta encabezada por un movimiento estudiantil de muchos rostros llamado “Yo Soy 132”, que reclamaba su espacio en la vida pública y exhibía la corrupción de la otrora poderosa prensa mexicana.

Pero no todos los jóvenes participaron de aquella primavera, ni todos denunciaron a la mafia –medios, intelectuales, académicos, políticos, empresarios– que tenía secuestrado el país. El joven priista Jorge Álvarez Máynez, por ejemplo, tenía entonces 26 años, como la edad promedio de los que se habían levantado a luchar por sus libertades. No usó su voz.

A Álvarez Máynez siempre le va bien. El PRD lo hizo Regidor en Zacatecas (2004-2007) mientras el Gobierno de Peña asaltaba la población de Atenco. Y luego, cuando los jóvenes levantaban la voz en todo el país contra el PRI y contra la prensa al servicio de los poderes de facto, Álvarez Máynez ya había cambiado de partido: era Diputado local priista (2010-2013). Nunca protestó, claro. Él era parte del sistema por el que los estudiantes se habían levantado. Y era un priista activo y en marcha. Su gallo para las elecciones presidenciales de 2012 fue Manlio Fabio Beltrones y se lamentó que no llegara: “Pensar que si Manlio fuera Presidente –escribió en febrero de 2012–, habríamos tenido la luz de @dvalades”. Alababa a Diego Valadés Ríos, Procurador General de la República y luego Ministro de la Suprema Corte de Justicia por nominación, para ambos cargos, de Carlos Salinas de Gortari.

En los folletos que Movimiento Ciudadano reparte, la biografía de Álvarez Máynez es difusa y deshonesta. No aparecen sus relaciones pasadas con PRD, PRI, Verde y Panal, donde militó, por los que compitió o/y obtuvo puestos públicos. Él mismo apenas da luz sobre su vida política. Sólo cuando tiene que explicarse y sólo porque existe la posibilidad de hablar bien de sí mismo. 

Obvio: para ser “lo nuevo”, como pregona la propaganda de ese partido político, el candidato presidencial se hizo demasiado viejo, muy pronto. Él es un político prematuramente viejo, de hecho. Opciones de lucha tuvo, pero no las tomó. Mientras los estudiantes y los jóvenes de su edad protestaban contra el régimen, él se codeaba con lo más viejo del régimen. El joven Jorge fue un viejo por convicción.

Más adelante fue parte del equipo político de Enrique Alfaro y Clemente Castañeda en Jalisco. Luego, historia conocida: le dio la espalda al grupo político tapatío para abrazarse a otro, más mañoso y con más dinero: el de Samuel García, un bobo-viral, un frívolo enamorado del poder. Otro que dejó ir su juventud sin abrazar causa alguna. Por eso se entienden las inclinaciones de Álvarez Máynez por los palcos y las cervezas de mediodía. Eso es, quizás, lo que buscaba: muchas felicidades.

“Creo que los políticos, sobre todo, son presas de sus ambiciones, de sus deseos y de sus planes. Las expectativas acaban gobernándote”, dijo a María Scherer en 2019, durante una entrevista. Lo decía por conveniencia, porque había aspirado a ser dirigente de MC y perdió. Pero cuánta razón tenía. Y él es el mejor ejemplo de ello. Un poco tarde para entenderlo. Jorge Álvarez Máynez debió voltear hacia ése otro que es él mismo, hace 10, 15 años, presa de sus propias ambiciones y abrazado de lo peor de la política por deseos y planes que acabaron gobernándolo.

***

Después de todo, Álvarez Máynez no es tan importante. No ha podido decir una sola cosa sobre el país que supuestamente aspira a gobernar; ni una idea, siquiera. Cero. Está más vinculado a las cervezas que a las propuestas de Nación y hace lo que saben hacer muy bien en el PRIAN: si no es entrevista a modo, ni tomarla. Paga su propia ambigüedad: así como maneja su biografía –que es, sin más, hipócrita– así se ha colocado: como un acomodaticio sin identidad, alguien de quien  quisieras hablar pero no tienes bien sus datos.

Aún así, no pierde tiempo: ya sumó al menos tres escándalos en semanas: su destape con caguamitas en la mesa; su borrachera en un palco que nadie sabe quién paga y con qué dinero –ambos eventos con Samuel García–, y el utilizar a una agencia, Badabun, para que las plataformas borraran los videos en las cuentas de personas y medios que fueron críticos con él por sus momentos de alcohol y euforia.

Sin embargo, como digo, no importa tanto Álvarez Máynez como sí importa lo que sucede con Movimiento Ciudadano, con síndrome de perro de basurero: una vez que se tragan un trapo sucio no abandonarán su gusto por ellos, aunque tengan la oportunidad de cambiar de menú. (Y aclaro que tengo un profundo respeto para con los perros, seres hermosos y llenos de bondad; no así con los partidos políticos).

Vean a MC, lleno de calderonistas y recorriendo basureros para rescatar más. Véanlo, tomado por el engaño; diciéndose la “nueva política” cuando su cacique, Dante Delgado, viene de cargarle el portafolios a uno de los peores represores de la segunda mitad del siglo XX mexicano: Fernando Gutiérrez Barrios. Y vean más: recluta a Patricia Mercado para decirse “feminista” y al mismo tiempo se abraza de Roberto Palazuelos, símbolo de la violencia machista. El mismo mejor-amigo de Álvarez Máynez, el cuasi heredero de MC, Samuel García, es lo mismo: un macho. “Estás enseñando mucha pierna”, le dijo a su esposa, Mariana Rodríguez Cantú, en 2020. “Me casé contigo pa’ mí, no pa’ que andes enseñando”, le espetó en una transmisión.

El desmoronamiento del PRIAN, consecuencia de la mediocridad de sus líderes, la ausencia de un proyecto renovado de Nación y su incapacidad para superar sus propias enfermedades (la corrupción interna, su distanciamiento con las causas ciudadanas y su rendición a los poderes de facto) hizo ver a Movimiento Ciudadano como una posible opción para los que no simpatizan con Morena. El mapa político se redujo a dos polos mientras el prianismo se abrazaba al descrédito de los caciques intelectuales, empresariales y mediáticos. Y así, el partido de Dante se erguía ante su más grande oportunidad. ¿Qué hizo? Como el PRIAN con Xóchitl Gálvez, optó por un producto milagro: la frivolidad y los likes: Samuel García. Y luego, cuando Samuel se cayó, redobló la apuesta: la frivolidad, la insolvencia y la falta de personalidad: Álvarez Máynez. Pero no es sólo Álvarez Máynez, como digo que al final, es poca pieza: se ve obligado a amamantar de Samuel para tener algo que decir, que mostrar. Lo más destacable es, en realidad, la capitulación de MC. Su renuncia inexplicable al horizonte que se le abría. Estaba llamado a darle la estocada a los viejos partidos pero sin hipocresía –como el currículum de su candidato–; sin mitos y sin mentiras. Ahora 2024 debe ser llamado “el año de la retirada”.

La oportunidad era enorme para Movimiento Ciudadano. No sería una amenaza para Morena, pero se configuraría como una fuerza de cuidado y, lo más importante, con futuro. Tan es así, que este año, sin importar que Álvarez Máynez logre apenas 3 o 4.5 por ciento de la votación que sugieren las encuestas, avanzará sin irse a ningún lado. Sólo por conservar Nuevo León y Jalisco se volverá la tercera, si no es que la segunda fuerza de México, dependiendo de los resultados de Guanajuato y Yucatán, si el PAN retiene o no.

Me parece que Dante Delgado renunció a más. Estaba tan ocupado en sí mismo, en “su legado” –lo repite hasta el cansancio con quienes se reúne–, que olvidó que cualquier legado posible estaba en el desempeño de MC, no en su sombrero o en sus tenis color fosforescente-ridículo. Nadie sabe si su oportunidad quedará abierta después de las elecciones de 2024. Porque 2030 está demasiado lejos y nadie conoce el futuro: quizás nunca más se le vuelva a presentar la oportunidad que dejó ir este año, el año de la retirada, su retirada.

SinEmbargo

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2 comentarios en «La derrota absurda de MC»

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