Mié. Feb 28, 2024

No cambies la salud por la riqueza, ni la libertad por el poder.

Benjamin Franklin. Político, científico, inventor y polímata estadounidense.

Por José Guadalupe Martínez Valero

Los coahuilenses debemos vernos a través de la mira de los resultados electorales del primer domingo de este mes y decidir si queremos ser como Aguascalientes y Durango, o como Oaxaca y Tamaulipas. Y dicha decisión debemos tomarla ya, desde ahorita, para ir preparando el camino que nos lleve a ser unos u otros. Decidir si queremos la supuestamente tan anhelada transición político partidista en términos de origen de gobierno, o cambiar manteniendo el mismo partido que ha sido la única opción en nuestra amada entidad, nuestra casa; pero sumando a dicha posibilidad todas las fuerzas políticas que han dado buenos resultados y, sobre todo, a cada uno de los ciudadanos libres y pensantes ajenos a instituto político alguno, que sin duda siguen y seguirán siendo mayoría por encima de cualquier partido y que reflejan el significado del concepto subsidiariedad contenido en el axioma “Tanto gobierno como sea necesario, tanta sociedad como sea posible”.

Decidir si queremos “conservar nuestros privilegios”, pero sobre todo trabajar para que los mismos sigan siendo “privilegios” en términos de posibilidad para cada uno de los que habitamos esta hermosa tierra, cuna de la democracia moderna en México, o regresar a esquemas que no solo sabemos han sido superados, sino, en la gran mayoría de los casos, mandados al basurero de la historia.

¿Y a qué supuestos privilegios me refiero? A los más elementales, a los más simples, a los que por cotidianos damos por sentados y por ello no reparamos en su presencia. Hay una frase autoría de un servidor que quiero poner a su consideración, amable lector, y que reza: “Lo obvio, por obvio, a veces lo obviamos”; cita que sin ser una tautología refleja el hecho de que lo evidente, justamente por evidente, las más de las veces pasa desapercibido.

Tales son, entre muchos otros: derecho a la salud; derecho a un trabajo digno; derecho a la educación, sin que ésta sea doctrinaria y menos sectaria; derecho a la libre expresión, derecho a disentir, a pensar distinto y no en masa; derecho a tener la posibilidad de comer, ya no digamos las tres comidas a las que diaria y dignamente se aspira, sino simplemente a comer; derecho a la sana diversión, entendiéndose como tal hacer de nuestro tiempo libre lo que nos venga en gana, mientras sea legal y legítimo lo que se haga, desde practicar deporte hasta salir a pasear sin temor a que dicho paseo sea alterado, o lo que es peor, no se regrese del mismo; derecho al libre comercio y a gastar, cuando no se puede invertir, el dinero como y en lo que se quiera gastar, ¡en fin! el simple y sencillo derecho a plenamente y en libertad ¡vivir!

¿O acaso quiere usted hermano coahuilense, en aras de un supuesto cambio -y recordemos que la reversa también es cambio-, quedarse sin todo eso a lo que me he referido en renglones anteriores solo por saber qué se siente “estar en brazos de supuestamente otro partido”, cuando en realidad ya sabemos que el que pretende el cambio en Coahuila busca hacerlo con exmilitantes resentidos de los partidos que ya existen?

Ya sé, muchos me dirán que mientras los colores que ahora nos gobiernan sigan haciéndolo las cosas supuestamente no mejorarán; pero ¿acaso buscando un sueño, un anhelo, una utopía, un unicornio azul, bueno en este caso buscando una quimera o un hipogrifo color guinda o marrón, seguro que mejorarán las cosas? Además, yendo unidas todas las fuerzas políticas distintas a las que sabemos tienen un pacto con el crimen organizado y que buscan que tú te hundas en la pobreza franciscana para quedarse ellos en y sobre todo con tu tan opulente, neoliberal y criticada riqueza; de la mano de la verdadera ciudadanía, las cosas buenas que aún tenemos en nuestra entidad no solo se mantendrán, sino, sobre todo, mejorarán.

Por eso mi afirmación que da inicio a la presente columna: viéndonos con la mirada de los resultados de cada estado que eligió gobernador el domingo cinco del presente mes ¿a qué aspiramos como personas dignas de esta tierra que, en efecto, fuerte ha resultado ser gracias a sus mujeres y hombres? ¿Queremos seguir siendo un estado referente a nivel nacional en materia de industria, trabajo, oferta laboral y posibilidades de constante crecimiento; o queremos vivir de las miserias que ¡de nuestros propios impuestos! regalarán a quienes no trabajan los operadores “sociales” del gobierno federal?

¿Queremos seguir siendo un estado que, porque supo imponerse al crimen organizado y supo vencerlo en combate pueda seguir viviendo en paz; o por concretar ese cambio -que también irse al precipicio es cambio- regresar a la época de las balaceras como cosa cotidiana, al cobro de piso y pago de una parte de tus ganancias por el simple derecho a honestamente ganarte la vida; pago en el que me consta se incluían desde boleros, hasta vendedores de periódico y albañiles, y convertirnos en estado sede de alguna de las ciudades más peligrosas del planeta, o campo de batalla entre dos cárteles de crimen organizado como sucede ahora en Zacatecas, Sinaloa y Sonora, y como seguramente pasará en Tamaulipas?

¿Queremos mantenernos como un estado que alberga municipios con los mejores índices de vida en todos los sentidos, o pasar a ser un estado donde solamente campea la pobreza, alimentada por el manejo clientelar de los programas sociales federales y que lo único que incentivan es el crecimiento del índice de dicha pobreza, como pasa en Oaxaca, Puebla y Veracruz? ¿Queremos continuar como destino turístico importante -aún y cuando con las únicas playas con que contamos son las del cretácico- o desfigurarnos para convertirnos en una plaza monstruosa en materia de seguridad también para sus visitantes como ya lo es Guerrero, Acapulco; y empieza a serlo Quintana Roo, Cancún; y donde incluso tienen metidas las manos mafias europeas para manejar a su antojo y como les viene en gana la existencia de quienes habitan dichas ciudades?

¿Qué Coahuila queremos heredarle a nuestros hijos? porque, no olvidemos que de ellos tenemos prestada esta patria chica. Mirémonos bien y a fondo, y construyamos lo que queremos seguir siendo, que el tiempo para hacerlo se acorta momento a momento…

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