Mié. Feb 28, 2024

Alétheia

Por Jesús Gerardo Puentes Balderas

El 9 de enero de 2024 será recordado, en los registros del quehacer político nacional –en específico para los coahuilenses y especialmente para los militantes del PAN–, como un parteaguas digno de efeméride en (des)honor a la estulticia en grado superlativo de Marko Cortés Mendoza.

Ese martes, en la víspera del vencimiento del plazo para suscribir el convenio de coalición (PAN, PRI, PRD y, sumándose de última hora, UDC), ésta se fracturó gracias a las habilidades políticas e inteligencia incomprendidas de Marko.

El ínclito dirigente (que en forma ninguna líder) nacional del PAN tuvo la peregrina idea de publicar, en internet, lamentables mensajes en los que se “pide el cumplimiento íntegro de los acuerdos políticos por parte del gobernador de Coahuila” que dieron pie a la Alianza por la Seguridad en 2023 y llevara al triunfo a Manolo Jiménez Salinas.

En su publicación de la red social X, antes Twitter, corona su exabrupto con lo que tiene la apariencia de un acuerdo en blanco y negro que da sustento a los arreglos referidos.

Después de un intercambio de declaraciones y mensajes entre el gobernador Jiménez y el presidente partidista (no necesariamente) Cortés Mendoza, la exhibición del documento de dos hojas con un listado de posiciones a otorgarle al PAN (negociadas en lo oscurito) por el triunfo de la alianza en 2023, lo construido desde 2022 se derrumbó.

Es pertinente puntualizar que el reparto de las candidaturas en una alianza electoral es una práctica común y legal en todas las democracias del mundo: los partidos se unen para obtener el mayor número de triunfos y se asignan las posiciones de elección popular susceptibles de ello.

Sin embargo, las alianzas o coaliciones de gobierno -propias y naturales de los sistemas parlamentarios- no existen como tal en la vida real de los sistemas presidenciales como el nuestro.

En los primeros, los ministerios o secretarías de Estado se distribuyen proporcionalmente a los asientos obtenidos en el Parlamento. Son las bancadas las que eligen al primer ministro, lo mismo que proponen y asignan a los miembros del gabinete.

En cambio, en el sistema presidencial, el titular del Poder Ejecutivo es electo por los ciudadanos y por mandato constitucional es quien designa y/o remueve a los secretarios de Estado, conservando la facultad de proponer al Congreso a los ministros de la Suprema Corte, así como a los consejeros de la mayoría de los organismos autónomos. 

En México, tanto a nivel federal como local, existe un intento de emulación de “gobierno de coalición”; sin embargo, tanto en la Constitución federal (artículo 89, fracción XVII) como la de Coahuila (artículo 82, fracción IV), deja a criterio del titular del Ejecutivo la opción de que, en cualquier momento, pueda optar por un gobierno de coalición mediante acuerdo expreso.

Dicho convenio estará condicionado a un documento formal y legal, el que deberá incluir un apartado en donde se detallen las causas de disolución; asimismo, deberá ser aprobado por el Senado o Congreso local, según corresponda.

En este orden de ideas, se le otorga más poder al presidente o gobernador al dejar a su criterio el optar o no por un gobierno de coalición en cuanto asuma su encargo. 

Haber ventilado el dizque convenio -en forma y fondo ilegal y burdo- entre el PAN y el PRI de Coahuila, representa una evidencia, irrefutable e ignominiosa, de la bajeza e hipocresía, así como de los verdaderos intereses de las élites anquilosadas y fracasadas de los partidos políticos pero, sobre todo, de la estupidez a la que puede llegar una persona como Marko Cortés.

Hoy los coahuilenses se preguntan: ¿Qué motivó a cortés a cometer semejante tropiezo? Y ¿Quién fue el pusilánime torreonense que lo convenció de hacer tal idiotez?.

Porque queda claro que la intención era obtener la candidatura a la Presidencia Municipal de Torreón, tal como se desprende del comunicado en que se transita de la solicitud a la exigencia a gritos y escupitajos… al cielo.

En el libelo infame textualmente se señala: “El compromiso suscrito establece que nuestro instituto político propondría a la candidata o candidato a la presidencia municipal de Torreón”. 

Adelante, torna en exigencia y sube la apuesta: demanda al gobernador, así como a las dirigencias del PRI, que cumplan y hagan cumplir el acuerdo firmado “… en el que se establece claramente que nuestro instituto propondría a la candidata o candidato a la presidencia municipal de Torreón…”.

El comunicado representa, también, un monumento a la incongruencia, el cinismo; la falta de recato y ausencia de pudor de la clase política ¡Al invocar la transparencia como un valor a practicar en la vida pública!

Me explico: prosigue enfatizando que el “quehacer político debe ser transparente, a la luz del día y a la vista de todos”. Reiterando el indecoro enseguida: “Hoy más que nunca las circunstancias del país requieren líderes políticos transparentes [Sic] (…) dispuestos a honrar [Gulp] y respetar [Maremía] su palabra [Súper Sic]”. 

Después, en la catarsis de la indecencia, no tiene empacho en señalar que “Confiamos que se cumplirá la palabra y se respetarán los acuerdos suscritos (…)”.

Finalmente la respuesta, no necesariamente mejor pensada pero sí contundente, del gobernador Jiménez Salinas ¡confirma la veracidad del convenio digno de la Sicilia de Mario Puzo realizado en lo oscurito! Esto es: ninguna de las partes lo ha negado ni, mucho menos, se ha deslindado. La dureza de la cara como prueba de la flexibilidad de los principios.

En todo caso, no desperdició la oportunidad para subrayar que Acción Nacional incumplió con su cuota de votos lo que, además de ser cierto, debería ser motivo de vergüenza y reflexión para el instituto blanquiazul así como sus dirigentes nacional y local. A fin de cuentas, no hay mucho que discutirle a la aritmética.

Cabe la pregunta: Si existía amplia y accesiblemente la posibilidad de hacerlo pública y legalmente, apegándose a lo establecido en la Constitución local, ¿Qué necesidad de hacerlo de manera ilegal y en lo privado? Ello, habida cuenta que, durante la campaña y después del triunfo, se presumió que sería el primer gobierno de coalición de nuestra historia moderna.

Peor aún: ¿Qué se necesita tener en abundancia en el interior de la bóveda craneal para ventilarlo y hundir a propios y extraños?.

Incluso, la panista Maira Valdés, diputada en la legislatura pasada, presumió la aprobación de la Ley de Gobiernos de Coalición en mayo de 2023. Definitivamente, tanto el PRI como los demás partidos no han cambiado y continúan privilegiando los cochupos en lo oscurito así como las prebendas antes de acatar nuestro entramado normativo.

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