Lun. Feb 26, 2024

Mariana Santos

Todavía después de que Liz desarrolló un proyecto basado en las propiedades de un hongo evolucionado que crece en Chernobil, capaz de absorber la radiación a la que se expone un astronauta, sus compañeros le llegaron a decir: “mejor prepárate un sándwich”.

En general, Lizeth Anahí Gómez Morales, no daba mayor importancia a los comentarios negativos, pues las dificultades que afrontaba para participar en el International Air and Space Program, en la NASA, eran muy superiores como para dejarse llevar por expresiones de desaliento.

Eso sí, una vez regresó del programa ha denunciado las condiciones sexistas que las estudiantes de ingeniería deben superar para realizarse.

Liz es estudiante del noveno semestre de ingeniería mecatrónica en el Instituto Tecnológico de Saltillo y, hasta hace un año, si acaso pensaba en irse a un intercambio a otro país. Fue su madre quien de algún modo se enteró del programa y la impulsó para buscar su ingreso.

Los requisitos no eran sencillos. Pedían pasaporte, visa y, sobretodo, un proyecto. Sin los documentos de extranjería a la mano, complicado el trámite por las restricciones de pandemia y sin proyecto, decidió dejar el asunto por la paz hasta que en mayo de 2021 recibió un correo recordatorio de los pendientes que dejó tras el prerregistro. Científica y todo, tomó el mensaje como “una señal”.

Los documentos migratorios eran lo de menos. El problema era el proyecto. Conocer y entrar a la NASA era una idea lejana hasta entonces, pero desde su infancia había tenido interés en el espacio y, en particular, en los científicos que llegaban a convertirse en astronautas, por lo que sabía de los riesgos que enfrentaban, uno de estos, la exposición a emisiones radioactivas.

Fue entonces cuando se puso a documentarse, auténticamente a estudiar medicina espacial. En ese periplo supo que un hongo mutó lo necesario para crecer y adaptarse a condiciones de radioactividad en Chernobil.

El traje

La idea de la joven saltillense consiste en aprovechar las propiedades del hongo para desarrollar un material que recubre los trajes especiales, con lo que es posible absorber la radiación.

No había comentado el proyecto con nadie mas que con su madre porque creía que era poco probable que la aceptaran, además de que lo había enviado en la fecha límite. Pero una semana después recibió la noticia de aprobar la primera etapa y entonces debía superar una segunda, consistente en una entrevista en inglés. Aprobó.

Sin embargo, el programa tiene un precio: 3 mil 360 dólares. Se puso a vender playeras y cuando se hizo notar, gobiernos municipal y estatal, la asociación de ex Alumnos del Tecnológico y numerosos saltillenses apoyaron a la joven que, finalmente, en marzo, logró viajar a Washington para visitar las instalaciones de la NASA y realizar su estancia.

La saltillense en la NASA

El nerviosismo era la sensación dominante en la joven saltillense al llegar a las instalaciones del programa y la estancia de una semana en la que habría de tener experiencias que nunca había imaginado.

Científica y todo, dice que llegar a la NASA fue un momento “mágico”, en el que observaba las paredes repletas de fotografías de astronautas y el reto de realizar un proyecto que no era el suyo.

Se trataba de hacer un mecanismo complejo que llegaría a la estación especial internacional. El objetivo era conseguir un movimiento conforme a la deformación elástica en relación con la temperatura y el material.

Liz fue la encargada de los cálculos de la deformación y de la dilatación del mecanismo complejo.

Este viaje no solo le abrió los ojos a Lizeth, también logro superar sus miedos de una manera única y especial, cambió su manera de observar la vida y le impuso un nuevo sueño a futuro laborando en la NASA. Y en eso está.

Mientras tanto, frente a la misoginia y el machismo, asume que a ella le ha tocado ser parte de un proceso que hereda los esfuerzos de otras mujeres, así que le corresponde la tarea de alentar a las niñas para que en cualquier carrera logren superarse con la libertad que deben gozar.

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Un comentario en «Liz, la joven científica que no quiso preparar un sándwich»

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