Mié. Feb 28, 2024

Katya González

“No me vas a ganar, yo te gane a ti. Sí lo cumplí.”

De pie en un escenario ante una multitud que le aplaudía, Job dedicaba estas palabras a su pasado, mientras que por su cabeza pasaban imágenes del largo camino recorrido.

De ser segregado ahora es una de las Drag Queens más importantes de México y Latinoamérica, activista y pionero de las marchas de la comunidad LGBTQ+, Job Carrizales o Job Star, como es conocido. Nació en Saltillo dentro de una familia cristiana, donde la religiosidad se expresa en la música y los cánticos. Así, los escenarios para la alabanza previeron su futuro escénico como Drag Queen.

Desde pequeño fue un niño inquieto y rebelde en respuesta al bullying y acoso sexual que le imponían sus compañeros y maestros. Él denunciaba, pero todos ignoraron sus reportes.

“Recuerdo que en la escuela me decían `lo haces como una mujer´ o cuando le dicen a los niños `eres una niñita´ como si ser del sexo femenino fuera algo malo. Desde ahí estamos mal con el machismo en México. La escuela era muy difícil, era un infierno”.

Al regresar a casa no tenía la confianza con sus padres para contarles los abusos en su contra debido a las creencias religiosas que desaprobaban sus preferencias sexuales. Sintiendo culpa y guardando silencio fue la manera que vivió gran parte de su infancia.

“Ser valiente fue mi única salida”

Luego de la pérdida de su padre, Job finalmente tomó la decisión de “salir del clóset” y contarle a su mamá sobre su vida y preferencias. Ella apoyó a su hijo haciéndole saber que lo amaría mucho más.

Sus hermanas y hermano le apoyaron:

“Son mis fans, van a mis presentaciones”.

Sus pequeños sobrinos han crecido en un entorno donde el respeto y la inclusión siempre han estado presentes. Normalizaron ver a su tío trabajar en los escenarios bajo el nombre y apariencia de su personaje.

“Todo está en la formación de la familia, enseñarles a los niños las cosas como realmente son, no es adoctrinar, solo enseñarles la verdad. Todo es cuestión de ir educando, no solo a los niños, sino a la sociedad en general”.

Durante su adolescencia Job decidió abandonar su hogar para ir en busca de sus sueños. Laborando en una feria como vendedor de maquillaje aprendió y pulió sus conocimientos sobre técnicas de belleza. A sus escasos 17 años comenzó a incursionar en el mundo del transformismo, en donde encontró su talento, uno donde podía ser él: Drag, escenarios, canto y baile.

Sus primeros shows fueron en “miércoles de amateur” en un antro, a escondidas de su familia.

“Para mí fue como salir dos veces del clóset: primero decirle a mi mamá que soy gay y después decirle que me gustaba vestirme como mujer”.

Job Star

A su madre le preocupaba la discriminación que podía sufrir su hijo, porque en Saltillo la homofobia y violencia reinaban en las calles.

“En Saltillo las personas se asustaban mucho, recuerdo que había personas que entraban con antifaces a los shows en los antros para no ser reconocidos”.

Job encontró inspiración en esos shows y con el paso del tiempo fue creciendo en el transformismo.

No obstante, se enfrentaría a un nuevo reto dentro de la comunidad, donde existían ciertas limitantes para la homosexualidad.

“Existen chicos `gay homogénicos´, el típico gay guapo, super masculino, y que cree que puede hacer menos a los chicos que `se les nota más´, nosotros los llamamos `plumogénicos´”.

Un sentimiento de confusión lo envolvió. Se debatía entre la aceptación por ser un chico gay “normal” y su lado femenino que disfrutaba los vestidos y pelucas sobre los escenarios. Atrapado por las críticas recibidas dentro de la comunidad, se retiró del transformismo por unos dos años en los que se convirtió en un chico “heteronormado” que no asistía a lugares gay.

“Regresé al clóset por los comentarios que había escuchado, como de las mujeres, que me decían `estás muy guapo, que desperdicio de hombre´”.

Después de ganar un concurso de Mr. Gay Coahuila, las personas comenzaron a identificarlo, y tras esos comentarios tomó la decisión de ir a la Ciudad de México a buscar su sueño de convertirse en artista.

“Piensas que vas a Ciudad de México y te va a encontrar un cazatalentos y vas a ser famoso y pues no pasa”.

En la búsqueda de su sueño, Job terminó viviendo en las calles hasta que fue acogido por la comunidad trans. Muchas eran echadas fuera de sus casas debido a su orientación sexual e iban a la Ciudad de México en busca de una manera de sobrevivir de la prostitución.

“Cuando sales de casa y te enfrentas al mundo real, el mundo no se detiene. Terminé trabajando como sexoservidor a falta de dinero. Las personas `se la rifaban´ todas las noches, se subían a coches sin saber si iban a regresar, todo por salir adelante”.

Vivían en condiciones deplorables, sin oportunidades de trabajo, rezagadas de la sociedad. A las personas trans no se les permitía trabajar en muchos lugares por lo que se sentían obligadas a vivir del trabajo sexual para sobrevivir.

“No lo lograste”, se decía Job a sí mismo cuando regresó a Saltillo sintiéndose derrotado, pero agradecido por lo vivido, lo que le permitió ver el mundo de otra manera.

Decidido a ser él mismo, optó por mostrarse ante la sociedad como Drag en un antro, pero cuando la incomodidad por las críticas y las burlas tomaron partido, se fue a casa. Sentía la necesidad de salir y ser él, sin importar lo que la sociedad quería.

“Sentí las miradas y escuchaba las burlas y las risas. Eso no me detuvo porque al fin estaba siendo quien yo quería ser”.

Se mudó a Monterrey, donde conoció a personas como él que le permitieron sentirse finalmente identificado. A su regreso se encontraba más fuerte que nunca.

Su oportunidad de oro, La más Draga, lo catapultó a alcanzar su sueño. Después de enfrentarse gran parte de su vida a críticas, rechazos, violencia, puertas cerradas y muchos “no”, se presentó ante una audiencia que superaba los 70 mil asistentes. “Después de estar en la calle con 30 pesos buscando lo que sería mi alimento por dos días, regrese a la ciudad y le dije: no me vas a ganar, yo te gane a ti, lo cumplí.”

En 2010 le coronaron reina de la primera marcha de la comunidad, es pionero en el movimiento LGBTQ+.

“Me dijeron una vez: necesitamos alguien que alce la voz y que nos represente.”

En la primera marcha en Saltillo eran alrededor de 35 personas y durante el evento fueron resguardados por policías para evitar que les dañaran.

“El pride y la marcha del orgullo es una marcha de orgullo de ser tu mismo. Fue un escándalo en los medios, había comentarios muy amarillistas y despectivos.”

Actualmente Job lucha día a día por que las personas pertenecientes a la comunidad puedan tener una vida libre de violencia y discriminación. Ha organizado distintos proyectos que les permiten integrarse en un lugar seguro, tal es el caso de “Next Drag Super Star”, la cual es una competencia para personas drag completamente en vivo, en donde couchean, enseñan y orientan a las participantes, finalizando cada temporada con la coronación de una reina nueva.

“Hay personas que lo usan como escape o terapia. No sólo son competencias locales. A veces uno no tiene la oportunidad de tener la familia que espera, pero tenemos la oportunidad de tener otras familias”.

Ya han pasado 12 años desde que comenzó y admite que ha sido difícil.

“A veces me voy a dormir con una sonrisa y despierto con una más grande por alzar la voz por los que no pueden y por las voces que fueron calladas. Hay personas que no tuvieron oportunidad de alzar la voz, ya no están con nosotros, pero también son parte de esto. De ser yo el que estaba en un rincón, con vergüenza y las personas se burlaban de mí, ahora estoy en el escenario liderando a una comunidad entera de Drag Queens. De nada sirve que seas famoso si no vas a dejar una huella”.

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Un comentario en «Job Star: la Drag Queen que emergió desde el coro de un templo»

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